Actualités
Archives de la revue

Recherche détaillée >
À faire, à voir
Retrouvez-nous sur
Facebook et Twitter !
La Communauté de Vie Chrétienne
www.cvxfrance.com
Centre spirituel du Hautmont
www.hautmont.org
Saint Hugues
www.sainthugues.fr
Faire communauté - Revue N°62 - Novembre 2019

Synode sur l’amazonie : en quête de nouveaux chemins


Le synode des évêques « pour la région pan-amazonienne » vient de s’achever à
Rome. L’un de ses participants, Mauricio Lopez, ancien président de la Communauté de Vie Chrétienne Monde et membre du Conseil pré-synodal, avait publié, en amont de cette rencontre, dans la Revue Christus au Mexique, un article pour, en donner les enjeux qui dépassent, selon lui, le territoire amazonien. Voici l'article en espagnol puis en anglais.



El Sínodo Panamazónico: caminar juntos en un Kairos eclesial
 
El Sínodo Especial sobre la Panamazonía es, y se va convirtiendo cada vez más en, un Sínodo que va mucho más allá de la territorialidad sobre la cual se ha determinado. Es cierto, también, que no se puede perder el foco del mismo, ya que ello podría diluir su posibilidad de producir los cambios y perspectivas necesarias para responder a esta realidad en particular que tanto necesita de una conversión en el modo de presencia eclesial en diversos aspectos. Es muy importante que el Sínodo sobre la Panamazonía no pierda su relevancia, su pertinencia, y sobre todo su capacidad de ser verdadero anuncio de buena noticia en medio de circunstancias tan complejas de fragilidad y ausencia por parte de la Iglesia, de muerte por las crecientes expresiones de dominación, exterminio y extractivismo en este territorio, y de la necesaria acogida y reconocimiento de la gracia y revelación de Dios en medio de la diversidad cultural de sus pueblos originarios (indígenas) y otras comunidades, y la manera en que ellos viven sus esperanzas y resistencia para permanecer como pueblos.
 
Entonces, se trata claramente de un Sínodo en tensión entre polos o extremos complementarios. Esto es un gran desafío, pero es también una verdadera ocasión para el cambio necesario y anhelado en la Iglesia y su manera de estar en el mundo. A manera de reflexión sobre la Unidad en la Diversidad, y desde la dimensión Trinitaria de nuestra fe, presento las que considero, desde mi propia experiencia en los diversos procesos y etapas del presente Sínodo, las TRES TENSIONES SUSTANCIALES alrededor y dentro del Sínodo de la Panamazonía. Espero que ellas sirvan como claves de lectura para comprender el momento presente de la Iglesia, y lo que está en juego, incluso en disputa, en este Sínodo de la Panamazonía:
 
Por un lado tenemos una tensión sobre 1. la DIMENSIÓN. El presente Sínodo se focaliza en una dimensión Territorial específica, con problemáticas y rasgos muy particulares que piden de la Iglesia un tipo de presencia y respuesta acorde con dicha realidad. En este punto se habla de la emergencia del territorio como nuevo lugar teológico, y de un nuevo sujeto eclesial en la dimensión de su territorialidad. Esto tiene implicaciones muy serias en la propia estructura de la Iglesia, dado que la noción de territorio, o tierra prometida en la tradición antigua, es un elemento que da sentido e identidad y es sustento del ser y quehacer eclesial; pero también es, en la tradición del seguimiento de Cristo, una llamada a la búsqueda permanente para descubrir a un Dios encarnado en Jesús, es decir territorializado, en una cultura y contexto particulares, y que sigue encarnándose en los pasos cambiantes del tiempo.
 
También es necesario reconocer en el ámbito de las Ciencias Sociales al territorio como construcción social y simbólica, que debe ser asumido como una compleja red de relaciones de inter-conocimiento, inter-reconocimiento e inter-dependencia[1]. Esto es una perspectiva que ayuda a comprender la relación de los territorios con aspectos aparentemente intangibles como nuestra cultura y espiritualidad, con el entorno natural que nos permite vivir, y con nuestra historia. Y, también en el ámbito de las Ciencias Naturales, especialmente relevante en el caso de la Panamazonía, donde el territorio se concibe como bioma o como unidad ecológica que es un sistema vivo de complejas inter-relaciones orgánicas que determinan aspectos particulares de flora, fauna y mega-biodiversidad.
 
Es una realidad, como se expresó en el documento preparatorio, que:
 
En la selva amazónica, de vital importancia para el planeta, se desencadenó una profunda crisis por causa de una prolongada intervención humana donde predomina una «cultura del descarte» (LS 16) y una mentalidad extractivista. La Amazonía es una región con una rica biodiversidad, es multi-étnica, pluri-cultural y pluri-religiosa, un espejo de toda la humanidad que, en defensa de la vida, exige cambios estructurales y personales de todos los seres humanos, de los estados, y de la Iglesia”[2].
 
Y, por otro lado, la dimensión Universal de la Iglesia, en la que se hace explícita la necesidad de acompañar los itinerarios de reforma eclesial que nos inspiran desde el Concilio Vaticano II, y que se expresan de manera evidente en el modelo pastoral que el Papa Francisco quiere para la Iglesia toda, donde el futuro se presenta como esperanzador y desafiante. En este sentido el Sínodo puede, y debe, aportar luces en esta mirada universal, afirmando la dualidad o bifocalidad de este Sínodo en cuanto a su dimensionalidad:
 
Las reflexiones del Sínodo Especial superan el ámbito estrictamente eclesial amazónico, porque se enfocan a la Iglesia universal y también al futuro de todo el planeta. Partimos de un territorio específico, desde donde se quiere hacer un puente hacia otros biomas esenciales de nuestro mundo: cuenca del Congo, corredor biológico Mesoamericano, bosques tropicales de Asia Pacífico, acuífero Guaraní, entre otros[3].
 
Ante esto surge la pregunta: ¿Es un Sínodo sobre la Panamazonía únicamente, o es uno sobre la Iglesia Universal a partir de una realidad específica como la Amazónica? y dado que sabemos que el Sínodo debe responder a ambas dimensiones interconectadas e interdependientes nos debemos preguntar, también, ¿qué implicaciones tendrá este Sínodo, y su bidimensionalidad, para el futuro de la misión de la Iglesia en el territorio y para el cuerpo universal como todo?
 
En otro ámbito, en el propio tema o título definido por el Papa para el Sínodo: “Amazonía: nuevos caminos para la Iglesia y para una Ecología Integral” se expresa una segunda gran tensión sobre 2. la TEMPORALIDAD. Por un lado el tema o título del Sínodo nos habla de la urgente llamada a una Conversión Pastoral en su componente: “Nuevos caminos para la Iglesia”, elemento que representa sin duda la agenda pastoral de la Exhortación Apostólica “Evangelii Gaudium. Sobre el anuncio del evangelio en el mundo actual” y que refleja el intento del Pontificado de Francisco de interpretar los signos de los tiempos y llamar a un modo de ser Iglesia profundamente en comunión con y al servicio del reino en esta realidad, tal y como es, y no desde una lectura anacrónica de ella. Es un momento que definitivamente identificamos como “Kairos”[4], ya que vemos rasgos particulares de la presencia actuante de Dios, y de una llamada atrayente hacia Él, en medio de un mundo en búsqueda de misterio, en una realidad fragmentada, y en donde la Iglesia identifica el llamado del Espíritu a acompañar este proceso en una dinámica basada en la “salida misionera”. Se trata de ir en pos de un discipulado misionero, de ser Iglesia testimonio creíble, con una vocación clara por reconocer y asumir la diversidad encarnándose en lo concreto de ella, y afirmándola como expresión de Dios.
 
Y en el otro extremo de esta segunda tensión, el propio tema del Sínodo nos habla del llamado para alcanzar “una Ecología Integral” como modo de ser y proceder como Iglesia. Se trata, fundamentalmente, del llamado a una Conversión Ecológica, cuyo itinerario está claramente establecido en la Encíclica “Laudato Si. Sobre el cuidado de nuestra casa común”. Esto nos da, igualmente que en el punto anterior, una lectura nítida y profunda de los signos de los tiempos, pero en este caso a partir de una crisis planetaria de una escala nunca antes imaginada o anticipable, y en donde el propio futuro del ser humano y del planeta se encuentran en riesgo.
 
 Nos encontramos ante un llamado a cambiar nuestro modo de relación con nuestra hermana madre tierra, y todo lo que ella representa en cuanto a diversidad de bienes de la creación, a un cambio de fondo en nuestra relación de unos con otros, dado que hemos instaurado una dinámica de explotación y acumulación sin precedentes (“cultura del descarte”) que tiene al planeta en terapia intensiva y al borde de su límite. Es una invitación imperativa a un cambio en la relación con el sentido de misterio, reconociendo que debemos repensar nuestra espiritualidad para buscar una que sea más sobria, sustentada en lo esencial, y que nos permita tener una verdadera comunión con la hermana madre tierra, con las hermanas y hermanos de este mundo, en especial los más excluidos y los que protegen nuestra casa común, y con el Dios de la vida que quiere un futuro posible para los que aún están por venir.
 
Es decir, se trata de un momento que requiere un cambio real e inmediato, por tanto debe ser asumido como un tiempo “cronos”[5]. Es decir, el tiempo que avanza irrefrenablemente, y si no hacemos algo significativo para cambiar la realidad ahora mismo, quizás sea demasiado tarde. Es un cambio concreto, material, urgente, no negociable, que emana de la perspectiva sobre la Ecología Intergal para este Sínodo.  ¿Será un Sínodo capaz de interpretar el momento “Kairos” para abrazar la revelación de Dios que pide una conversión pastoral progresiva pero ineludible, y al mismo tiempo uno capaz de hacer un llamado profético y efectivo para una conversión material y de relaciones, ante la enorme crisis planetaria socio-ambiental en ritmo de “cronos”? Uno sin el otro será insuficiente, y el otro sin el uno estará incompleto.
 
Y, en última instancia, una tercera gran tensión sobre 3. la REFORMA EN CURSO dentro de la Iglesia. Esta tensión se articula con las dos anteriores, en éste que consideramos es un punto de llegada en el proceso de revelación e impulso a la conversión desde el Concilio Vaticano y hasta el día de hoy. Una reforma en marcha, siempre incompleta por la naturaleza dinámica de la Iglesia y del mundo, y como expresión de la acción creadora de Dios siempre en movimiento, pero que alcanza, o quiere alcanzar, algunos puntos de plenificación en este momento.
 
Aquí, la tensión está sobre todo expresada entre un polo que procura la continuidad de lo que consideramos el modo desde la Centralidad, con un esquema más tradicional, asociado a una Iglesia con un modelo de gobierno centralizador que se sobrepone a lo periférico, y con un estilo, todavía, predominantemente jerárquico-vertical. Este modelo está más asociado a un esquema de preservación, que cuida de ciertos rasgos esenciales de nuestra identidad eclesial, pero que, quizás, ha perdido la capacidad de un discernimiento más cercano a la realidad dinámica y, por tanto, encuentra más complejo descubrir y dejarse tocar por la novedad permanente de la revelación del Dios de Jesús en medio de la territorialidad; y, por ello, se resiste a cambiar en algunos aspectos.
 
Es necesario cuidar de nuestro cuerpo eclesial como todo, precautelar su futuro manteniendo los elementos sustanciales de nuestra fe. Sin embargo, debemos identificar dónde la perspectiva de preservación nos ha hecho perder de vista la enorme riqueza del proceso dinámico del Dios revelado en medio de la diversidad, o más aún, dónde perdimos de vista al Cristo crucificado presente en las diversas fronteras de la realidad. Hay un llamado a ser una presencia encarnada, inculturada e intercultural, pidiendo que seamos esa Iglesia capaz de reorganizarse, abandonando ciertas seguridades estructurales, para salir el encuentro de aquellos que están heridos y que han sido lanzados a un lado del camino. Y cuánto es urgente esto hoy en la Panamazonía, y para sus pueblos, un territorio tan codiciado y expoliado.
 
Y por el otro lado de esta tensión, el intento de una Iglesia más Sinodal. Es decir, una Iglesia capaz de revisarse internamente para cambiar de ritmo, para cambiar su modo de caminar, y que reconozca a los sujetos diversos que la interpelan hoy para poder caminar mucho más en sintonía con los mujeres y hombres de hoy, que son los sujetos de la redención. Una Iglesia que se organiza buscando un modo de gobierno más Sinodal, es decir, más participativo, colegial, de mayor comunión, y que establece criterios y estructuras nuevas para caminar más al ritmo de los gritos y esperanzas de la realidad, y capaz de incorporar la novedad que viene de la riqueza de la diversidad. Y, una vez más, cuánto tienen la Panamazonía, sus pueblos, y los misioneros que se han encarnado en serio, para enseñarnos otros modos, otros ritmos, y una visión profunda de lo sacramental y ministerial, que hacen sentido en este tiempo, lugar y con estas personas.
 
Una Iglesia Sinodal que asuma la reconfiguración estructural de su modo de ser y proceder para dar cuenta de ese “aggiornamiento”, aún incompleto, que ha comenzado hace más de 55 años, y que en la perspectiva Sinodal alcanza, o quiere alcanzar, un punto de verdadera plenificación. Basta leer algunos extractos de la Constitución Apostólica del Papa Francisco “Episcopalis Communio. Sobre el Sínodo de los Obispos”, que es providencial y estratégicamente presentada con miras a este Sínodo Panamazónico, para identificar los rasgos de esta tercera tensión permitiendo que podamos discernir por dónde llama el Espíritu para que este Sínodo pueda dar luces sobre las necesarias conversiones:
 
“También el Sínodo de los Obispos debe convertirse cada vez más en un instrumento privilegiado para escuchar al Pueblo de Dios: «Pidamos ante todo al Espíritu Santo, para los padres sinodales, el don de la escucha: escucha de Dios, hasta escuchar con Él el clamor del pueblo; escucha del pueblo, hasta respirar en él la voluntad a la que Dios nos llama»[23]”[6].
 
En este documento de estructura e identidad se expresa el anhelo de una Iglesia mucho más constitutivamente Sinodal, y al ser Constitución Apostólica, confirma el hecho de que es posible reformar y reconstituir la estructura eclesial para ponerla al servicio más cercano de lo que el momento presente pide, y con ello pasar de la preservación hacia las impostergables conversiones pastoral, socio-ecológica, y hacia la sinodalidad. Siendo ellas radicales, es decir, sostenidas desde la raíz.
 
En este nivel hay una tensión evidente entre algunos aspectos del Código de Derecho Canónico, que no está por demás decir que es un corpus jurídico mutable en nuestra Iglesia para responder al Espíritu más profundo de la revelación de Dios y no palabra inmutable tallada en piedra, y por otro lado el llamado del Papa Francisco a una mayor sinodalidad, como se expresa en la Constitución Apostólica “Episcopalis Communio”.
 
Pidamos al Dios de la vida, con lo mejor de nuestra fe y nuestra capacidad de lectura de los signos de los tiempos, para que este momento “Sinodal”, con la territorialidad Amazónica y sus pueblos indígenas y comunidades diversas como rostro de la Encarnación, y en el misterio de su enorme biodiversidad como expresión del rostro de Dios, para que seamos capaces de transformarnos para elegir la vida, y honrarla. Que nos saquemos las sandalias y hagamos frente a los graves signos de destrucción que pesan sobre este espacio sagrado donde siguen crucificando a los diversos rostros del Cristo encarnado. Esperamos que todo ello nos permita alcanzar las reformas necesarias. Pedimos, también, el delicado y firme discernimiento, para superar visiones fragmentadas o los fundamentalismos presentes en los extremos del conservadurismo que se niega a cambiar nada, y los esencialismos que quieren cambios autoindulgentes de sus propias miradas y que prescinden de la identidad eclesial.
 
Que sepamos sembrar semillas de conversión en medio de un momento “Kairos”, siendo capaces de responder proféticamente, incluso desde la fuerza de la Iglesia martirial en la Amazonía, ante la grave crisis socio-ambiental, pues la situación no da más.
 
Concluyo esta reflexión con una cita de la Episcopalis Communio que nos ayuda a poner nuestras esperanzas, y a disponer nuestras fuerzas, en lo más importante del Sínodo, es decir, la fase post-sinodal de concreción en la que podamos discernir y sacar frutos de las TRES tensiones aquí presentadas:
  • DIMENSIÓN: entre territorialidad y universalidad.
  • TEMPORALIDAD: entre el Kairos de los “nuevos caminos para la Iglesia” y el cronos de la urgencia para responder a la crisis socio-ambiental desde “una ecología integral”.
  • Y, de la REFORMA EN CURSO: entre la centralidad y la sinodalidad.
 
“Por último, a la celebración de la Asamblea del Sínodo le debe seguir la fase de su implementación (…) Es necesario al respecto tener bien claro que «las culturas son muy diferentes entre sí y todo principio general [...] necesita ser inculturado si quiere ser observado y aplicado»[31]. De ese modo, se muestra cómo el proceso sinodal tiene su punto de partida y también su punto de llegada en el Pueblo de Dios, sobre el que deben derramarse los dones de gracia derramados por el Espíritu Santo a través de la reunión en asamblea de los Pastores”[7].
 
Mauricio López Oropeza
Secretario Ejecutivo y co-fundador de la Red Eclesial Panamazónica -REPAM-. Laico ignaciano, expresidente mundial de la Comunidad de Vida Cristiana -CVX-. Miembro del Consejo Pre-Sinodal instituido por el Papa Francisco para el Sínodo Especial de la Panamazonía. Formación en Espiritualidad Ignaciana, Discernimiento y acompañamiento espiritual, Ciencias Sociales y Territorio, Desarrollo Humano, y Gestión y administración. Mexicano por nacimiento, Ecuatoriano por elección, y Amazónico por vocación.
 


[1] Bourdieu, Pierre. (2001a). “El capital social: apuntes provisionales”. Zona Abierta. Pág. 83-87
 
[2] Documento Preparatorio. Sínodo Panamazónico. Preámbulo
[3] Documento Preparatorio. Sínodo Panamazónico. Preámbulo
[4] antigua palabra griega que significa el momento adecuado, el momento oportuno. En la tradición de nuestra fe, se refiere a un tiempo propicio de Dios.
[5] Palabra griega que representa el tiempo abstracto general, tiempo o periodo determinado​, literalmente: «Tiempo»)​. Era la personificación del tiempo.
[6] Constitución Apostólica Episcopalis Communio. Sobre el Sínodo de los Obispos. No. 6. Sept. 2018
[7] Constitución Apostólica Episcopalis Communio. Sobre el Sínodo de los Obispos. No. 7. Sept. 2018




The Pan-Amazon Synod – Walking Together in an Ecclesial Kairos
 

The Special Synod on the Pan-Amazon is, and is increasingly becoming, a Synod which goes far beyond the territory upon which it is based. Equally, we should not lose sight of its specific geographic focus in case this might dilute its chances of producing the necessary changes and perspectives for the Synod to respond effectively to the particular situation which is in such need of conversion in the way that the Church is present.  It is very important that the Synod on the Pan-Amazon should not lose its relevance and sense of belonging, and above all, its capacity to be truly announcing good news in the midst of such complex conditions of fragility and absence insofar as the Church is concerned, of death which results from the increasing forms of domination, extermination and extractive activity in the territory, and for the necessary acceptance and recognition of the grace and revelation of God in the midst of the cultural diversity of its original (indigenous) peoples and other communities, and the way in which they live out their hopes and their resistance so as to survive and remain there. 
 
Thus, it is clearly a Synod held in tension between complementary poles or extremes.  This is a huge challenge, but it is also a real opportunity for the necessary and longed for change in the Church and its way of being present in the world. As a reflection on the Unity in Diversity and the Trinitarian dimension of our faith, I present here what I consider to be, from my own experience in the different processes and stages of this current Synod, the THREE SUBSTANTIAL TENSIONS around and within the Pan-Amazon Synod.  I hope that they serve as keys to understanding the present moment of the Church, what is at play, and what is disputed, in this Pan-Amazon Synod:
 
On the one hand we have a tension about 1. The DIMENSION. The present Synod is focused on a specific Territorial dimension, with very particular challenges and features which demand from the Church a kind of presence and response which is appropriate to this reality. On this point we can speak of the emergence of the territory as a new theological place (locus), and a new ecclesial subject in its territorial dimension.  This brings with it serious implications for the very structure of the Church, given that the notion of territory, or promised land in the ancient tradition, is an element which gives meaning and identity and is the sustenance of the ecclesial raison d’être and mission: but it is also, in the tradition of following Christ, a call to search constantly to discover God incarnate in Jesus, that is to say, located in a territory, in a specific culture and context, and which goes on becoming incarnate in the changing passage of time.
 
It is also necessary to recognise territory in the realm of Social Sciences as a social and symbolic construct, which needs to be seen as a complex network of relationships,  inter-knowledge, inter-recognition and inter-dependence.[1]  This is a perspective which helps us to understand the relationship of territories with apparently intangible aspects such as our culture and spirituality, with the natural surroundings which give us life, and with our history. And also, in the realm of Natural Sciences, particularly relevant in the case of the Pan-Amazon, where territory is conceived as a biome or an ecological unit which is a living system of complex organic inter- relationships which determine specific aspects of flora, fauna and mega-biodiversity. 
 
It is a reality, as is stated in the preparatory document, where:
“in the Amazon forest, of vital importance for the planet, a profound crisis was unleashed, due to prolonged human intervention where a “throwaway culture” (LS 16) and an extractive mentality predominate. The Amazon is a region with a rich biodiversity, it is multi-ethnic, multi-cultural and multi-faith, a mirror of the whole of humanity which, in order to defend life, demands structural and personal changes from all of humanity, from States and from the Church”[2].
 
And, on the other hand, the Universal dimension of the Church, in which the need to accompany the itineraries of ecclesial reform which inspire us from the Second Vatican Council is clearly evident, and which are clearly expressed in the pastoral model which Pope Francis desires for the whole Church, where the future is presented as hope-giving and challenging. In this way, the Synod can, and should, contribute enlightenment in a universal overview, affirming the duality or dual focus of this Synod as far as its reach is concerned:
 
“The reflections of the Special Synod go beyond the strictly ecclesial scope of the Amazon, because they focus on the universal Church as well as on the future of the whole planet. We start from a specific territory from which we wish to build a bridge towards other essential biomes in our world: the Congo Basin, the biological corridor of Central America, the tropical forests of Asia and the Pacific, the Guaraní aquifer, amongst others[3].
 
In response to this the question arises: Is it a Synod just for the Pan-Amazon, or is it for the Universal Church from a specific reality such as that of the Amazon? And, given that we know that the Synod must respond to both these inter-connected and inter-dependent dimensions, we need to ask also, what implications will this Synod and its dual dimension have for the future of the mission of the Church both in the territory itself and for the Universal Church as a whole?
 
At another level, in the theme and the title which the Pope decided for the Synod: “Amazonia, New paths for the Church and for an Integral Ecology” a second big tension is expressed about the 2.TEMPORALITY – TIME.  On the one hand,  the theme and title of the Synod speaks to us of the urgent call for a Pastoral Conversion in the phrase “New paths for the Church”, which no doubt represents the pastoral agenda of the Apostolic Exhortation “Evangelii Gaudium, on proclaiming the Gospel in the world today” which reflects the attempt of Francis’ Pontificate to interpret the signs of the times and calls for a way of being Church which is in communion with and in service of the kingdom in this current setting, just exactly as it is, and not based on an anachronistic reading of it.  It is a moment which we can definitively identify as “Kairos”[4], since we can see specific features of the active  presence of God, and of a calling towards Him, in the midst of a world in search of mystery, in a fragmented reality where the Church identifies the call of the Spirit to accompany this process in a “missionary outreach”.  It is a call to missionary discipleship, to be witness of a credible Church, with a clear vocation to recognise and accept diversity, becoming incarnate in it and affirming it as the expression of God.
 
And at the other end of this second tension, the very theme of the Synod speaks to us of the call to reach for “an Integral Ecology” as a way of being and living as Church. It is, fundamentally, a call to an Ecological Conversion, whose itinerary is clearly set out in the Encyclical “Laudato Sí’. On the care of our common home”.   This gives us, just as in the previous point, a concise and profound reading of the signs of the times, but in this case based on a planetary crisis on a never-imagined or anticipated scale, in which the very future of the human being and of the planet are at risk.  
 
We find ourselves faced with a call to change our way of relating to our sister-mother earth, and all that she represents in terms of the diversity of the goods of creation, to a fundamental change in our relationship with each other, on the grounds that we have installed an unprecedented process of exploitation and accumulation (“throwaway culture”) which has brought the planet to a state of intensive care and to the end of its limits. It is an imperative invitation to a change of relationship with a sense of mystery, recognising that we need to rethink our spirituality to seek out one which is more sober, based on the essential, and which allows us to be in true communion with sister-mother earth, with our sisters and brothers of this world, especially those who are most excluded but who are protecting our common home, and with the God of life who wants a future which is possible for those who are yet to come.
 
In short, it is a moment in time which requires a real and immediate change, and as such it needs to be seen as a time of “cronos”[5]. That is to say, time is going forward so unstoppably fast that if we don’t do something meaningful to change the situation, perhaps it may be too late. A change which is concrete, material, urgent and non-negotiable, which is based on the vision of Integral Ecology for this Synod.  Will a Synod be able to interpret this “Kairos” moment to embrace the revelation of God who demands a progressive but inevitable pastoral conversion and at the same time, able to make a prophetic and effective call for a conversion at a material level and in relationships, in the face of the enormous planetary socio-environmental crisis in a “cronos”? One without the other will be insufficient, and incomplete. 
 
And lastly, there is a third great tension on 3. The REFORM UNDER WAY within the Church. This tension is linked with the two previous tensions, insofar as we see it as a point of arriving at the process of revelation and call to conversion from the Vatican Council to the present day. A reform which is in process, still incomplete due to the natural dynamic of the Church and of the world, as an expression of the creative action of God always in movement, but which is reaching, or wishes to reach, some points of fulfilment in the present moment.
 
Here, the tension is, above all, expressed between one extreme which seeks the continuity of what we consider a model of Centrality : a more traditional mindset, linked to a Church with a centralising form of government which is overwhelmingly hierarchical and vertical which stands over the Church of the periphery. This way of being Church is more associated with a style of preservation, which looks after certain essential aspects of our ecclesial identity but which, perhaps, has lost its capacity for discernment more closely linked to a dynamically changing situation and, as a result, finds it difficult to discover and allow itself to be touched and shaped by the permanent novelty of the revelation of God Jesus set in a time and place and, as a result, is resistant to change.
 
It is necessary to take care of our whole ecclesial body, safeguarding its future and maintaining the substantial elements of our faith. We must identify, however, where the desire for preservation has made us lose sight of the enormous richness of the dynamic process of God revealed in the midst of diversity, or even more, where we  have lost sight of the crucified Christ who is present at the diverse frontiers of our world today.  There is a call to become an incarnate presence, inculturated and intercultural, demanding that we be that Church capable of reorganising itself, abandoning certain structural securities, to go out and meet those who are wounded and have been cast aside.  And how urgent this is today in the Pan-Amazon, a territory which is so coveted and despoiled, and for its people.
 
 
And at the other side of this tension, an attempt to build a more Synodal Church.  That is, a Church able to review  itself internally so as to change its pace, to change its way of being, and recognise the diverse subjects who are pleading with it to walk in tune with the women and men of today, who are the subjects of redemption.  A Church which is organised on a model of government which is more synodal, or more participatory, collegial, of greater communion, and which establishes new structures and criteria to enable it to walk alongside and in tune with the cries and hopes of reality, capable of incorporating the novelty which comes from the wealth of diversity.  And once more, how much does the Pan-Amazon have, along with its people and the missionaries who have seriously incarnated themselves, to teach us new ways, new forms and a profound vision of the sacramental and ministerial, which make sense in this time and place and with these people.  
 
A Synodal Church which must take on the restructuring of its way of being and operating so as to take on board this “aggiornamiento”, which started more than 55 years ago but is still incomplete, and with a Synodal outlook seeking to reach a point of true fulfilment. It is sufficient to read some extracts of the Apostolic Constitution of Pope Francis “Episcopalis Communio. Upon the Synod of Bishops”, which is providential and strategically presented with the Pan-Amazon Synod in mind, so as to identify the features of this third tension and permit us to discern where the Spirit is calling us so that this Synod can throw light upon the conversion which is necessary:
 
“The Synod of Bishops must also be converted increasingly to become the privileged instrument to hear the People of God: «Let us pray above all to the Holy Spirit, for the Synod fathers, for the gift of listening: hearing God and hearing with Him the cry of the people; listen to the people, so as to breathe in them the choice to which God calls us»[23]”[6].
 
In this document on structure and identity the longing is expressed for a Church which is much more Synodal in its constitution, and being an Apostolic Constitution, it confirms that it is possible to reform and reconstitute the ecclesial structure to place it in ever-closer service of what the present moment demands, and as a result, pass from preservation to the urgent pastoral and socio-ecological conversions towards synodality.  Radical conversions, or rather, deep-rooted and sustained.
 
At this level there is an obvious tension with some aspects of the Code of Canon Law, although it is not too much to say that this is a mutable juridical corpus in our Church to respond to the most profound Spirit of the revelation of God, and not an immutable word carved in stone, set against the call of Pope Francis for greater synodality as expressed in the  Apostolic Constitution,  “Episcopalis Communio”.
 
Let us pray to the God of life, with the best efforts of our faith and our capacity to read the signs of the times, so that this “Synodal” moment, with the territory of the Amazon and its indigenous people and diverse communities as the face of the Incarnation, and in the mystery of its enormous biodiversity as an expression of the face of God, so that we might be able to transform ourselves and choose life, and honour it.  Let us take off our sandals and face up to the grave signs of destruction which weigh upon this sacred space where the diverse faces of Christ incarnate are still being crucified. Let us hope that we will be allowed to reach the necessary reforms.  We pray also for delicate and clear discernment, to be able to overcome fragmented points of view or fundamentalisms in the extremes of conservatism which refuses to change anything, and those who seek self-serving and self-indulgent changes which lack ecclesial identity.
 
May we know how to sow seeds of conversion in the midst of a “Kairos” moment, and be able to respond prophetically, with the strength of the martyrial Church of the Amazon, in the face of this grave social and environmental crisis, as the situation can take no more.
 
I conclude this reflection with a quote from the Episcopalis Communio which helps us to place our hopes and ready our strength for the most important aspect of the Synod, that is, the post-Synodal phase of implementation in which we might discern and take strength from the Three tensions outlined here:
  • DIMENSION: between territoriality and universality.
  • TEMPORALITY-TIME: between the Kairos of the “new paths for the Church” and the cronos of the urgency to respond to the socio-environmental crisis through an “integral ecology”
  • And, for the REFORM UNDER WAY: between centrality and synodality
 
“And lastly, the celebration of the Synod Assembly must be followed by the phase of its implementation (…) It is necessary to be quite clear that «cultures are very different from one another and any general principle (…) needs to be inculturated if it is to be observed and applied»[31]. In this way, it can be seen that the Synodal process has its starting point and also its culmination in the People of God, upon whom should be poured the gifts of grace poured out by the Holy Spirit throughout the Assembly Meeting of the Pastors”[7].
 
Mauricio López Oropeza
Executive Secretary and co-founder of the Pan-Amazon Ecclesial Network (Red Eclesial Panamazónica-REPAM). Layman in the Ignatian tradition, former World President of the Christian Life Communities – CLC, Member of the Pre-Synodal Council established by Pope Francis for the Special Synod of the Pan-Amazon. Formation in Ignatian Spirituality, Discernment and Spiritual Accompaniment, Social Sciences and Territory, Human Development, Management and Administration. Mexican by birth, Ecuadorean by choice, and Amazonian by vocation.
 


[1] Bourdieu, Pierre (2001ª) “Social capital: provisional notes”: Open Zone pp 83-87
[2] Preparatory Document. Pan-Amazon Synod Preamble
[3] Preparatory Document. Pan-Amazon Synod Preamble
[4] Ancient Greek Word which means the right moment, the opportune moment. In the tradition of our faith it refers to the chosen time of God.
[5] Greek Word which represents time in the abstract in general, literally a determinate time or period​, literally: «Time»)​. It was the personification of time.
[6] Apostolic Constitution “Episcopalis Communio. Upon the Synod of Bishops”. No. 6. Sept. 2018
[7] Apostolic Constitution “Episcopalis Communio. Upon the Synod of Bishops”. No. 7. Sept. 2018

Impression Envoyer à un ami